lunes, 24 de noviembre de 2008

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… SIGUIENDO UNA COMETA…

Un rumor invadía mi curiosidad, cuando aseguraban que algo extraño volaría como un ave por los aires, y que sería tan maravilloso espectáculo que ninguno dejaría de ir. ¿Qué será? Me preguntaba…con la leve palpitación de que yo iba a estar entre aquellos que no iban a dejar de ir. Decidí entonces preguntarle a mamá los detalles de aquel evento; ella sin otorgar la mínima importancia a mi pregunta me contestó: “No sé… que van a abrir esta semana el aeropuerto en Ibagué”… ¿Aeropuerto? Jamás había escuchado esa palabra, y como fue evidente la ignorancia de mamá sobre el asunto, preferí esperar llegar a la escuela y preguntar a la Maestra Helenita…ella siempre tenía una respuesta a mis preguntas.

Al día siguiente después de 1 hora y media de camino y sin dar más espera, pregunté afanado a la Maestra…y como lo había previsto, me contestó: “Es la inauguración del Aeropuerto Perales”… ¿Perales Maestra? ¿Aeropuerto? … ¡pero yo escuché que algo maravilloso volará por los aires como un ave…! Le pregunté confundido… y de repente se expandió el rumor entre mis compañeros de tercero. Ahora ya no era yo el único que preguntaba… todos con la curiosidad que caracteriza a un niño de 10 años la agobiaron con insistencia y tanto fue que ella pidió orden y prometió aclarar todas nuestras dudas.

Inició con una breve descripción de los aviones y su utilidad comercial…también nos dijo que eran utilizados para la guerra, aunque el Tolima escenario pleno de guerra y yo con mis 10 años jamás había visto uno de esos. Fue tan maravillosa la descripción de la Maestra Helenita, que decidí hacer hasta lo imposible para conocer uno de esos.

Aquel día no pude concentrarme en la lección de historia patria y menos en la de historia sagrada, mi cabeza estaba invadida de aviones.

De regreso a casa, con mis dos compañeros de juego y aventura Rito y Vicente… empecé a planear lo que sería la realización de un sueño que acababa de nacer.

La verdad de planear no teníamos idea, pero lo único cierto era que debíamos llegar a las 10 de la mañana del día siguiente al lugar que tanta curiosidad había logrado despertar en nosotros…así que coincidimos en vernos a las 5 de la mañana en el árbol de Nogal ….

Nos despedimos y creo que ha sido la noche más larga de mi vida, pues añoraba inmensamente que el canto del gallo anunciara la partida…Estuve listo en menos de 15 minutos, monté en mi burro…y salí como si fuera para la escuela…llegué al Nogal y Vicente y Rito habían pasado una noche parecida, ni siquiera paré, sólo seguí y ellos tras de mí…

Fueron tres horas de camino en nuestros viejos y cansados burros…pero el espíritu soñador nos hacía creer que no podríamos ir a una velocidad mejor…eran casi las 9 de la mañana cuándo ubicamos el gran Aeropuerto Perales….la verdad fue muy fácil encontrarlo por la inmensa multitud espectadora…

De repente y como sí nuestro sueño estuviera patrocinado por Dios, apareció Don Pablo un amigo de papá…que inmediatamente al verme preguntó por él….yo sin dudarlo un segundo le contesté que el estaba adelante con mamá….entonces me ofreció ingresar a la fila con él y con mis amigos… Mi corazón parecía que fuera a estallar…estaba tan cerca de verlo…de oírlo… Cuándo de repente…y cómo una nueva sonrisa del Cielo…escuché que la fila no era para verlo, ni para oírlo…era para subir en él!

Mi sonrisa y la de mis amigos era imposible de borrar…y aunque las manos nos temblaban, mis ojos no dejaban de buscar su gran aparición, cuándo de repente y en medio de una estampida la fila desapareció…y de nuevo estaba presente la complicidad Divina, pues gracias a nuestra agilidad de niños logramos quedar justo en la entrada para abordar.

No sé en que lugar quedó Don Pablo, y la verdad poco me importó… lo cierto era que ya estábamos a 3 minutos del primer aterrizaje….y a 15 del primer despegue del Perales….

La Señorita de la entrada abrió la compuerta…y nosotros sin ponernos de acuerdo corrimos hacía él…era tal cual lo había descrito la Maestra Helenita…pero era tan real como lo habíamos imaginado. Era tan majestuoso…tan inmenso, que quedamos cautivados mientras subíamos las escaleras. Creo que Rito y Vicente no podían cerrar la boca…mientras a mi nada ni nadie podía borrarme la sonrisa.

De repente el Ave comienza a hablar y nos da la Bienvenida, intentamos calmarnos, pero el corazón palpita cada vez más rápido…tanto como se encienden los motores…Inicia el despegue y olvido por completo a quienes tengo a mi lado, aún a Rito y a Vicente; aquella Ave va sólo conmigo…. Y ahora me muestra que blancas son las nubes, y que cerca está mi casa, pues en menos de 5 minutos ya divisaba por una de sus ventanas el cafetal de papá…vuela, y vuela como una cometa y no interrumpe un solo momento su mirada al horizonte.

Que hermoso es volar, que hermoso es estar en el cielo, pensé. Ya no hay cafetal, ya no hay amigos, ya no hay nada más…sólo el infinito al que había logrado conquistar…

Cuando en un sólo instante todo despareció y ahora sólo veía la Ciudad, y era ella quien me esperaba para celebrar mi gran conquista. Ahora está todo, todo es finito, todo es real, se acababa de borrar mi sonrisa, mientras bajaba las escaleras para regresar. De nuevo Rito y Vicente algo derrotados por la altura y yo con la firme convicción que nada mejor habría podido pasar ese día.

Regresamos muy despacio, con la esperanza de no terminar el día, pero todo fue inútil, ya nos saludaba la noche. Nos despedimos y al llegar a casa, mamá me preguntó lo de todos los días “¿Aprendiste algo en la Escuela Hoy?”…Mamá hoy estuve en el Cielo, respondí con la mirada perdida, y mamá con una sonrisa me besó. Sé que mamá en el momento no lo entendió, era difícil describir aquel lugar, era difícil describir la Victoria y la satisfacción de un sueño cumplido.

Hoy, Rito y Vicente ya están en el Cielo, y creo que Mamá logró entender también lo que quise decir aquella vez. Ahora a mis 73 años, tengo el mismo corazón que intentó estallar en el Perales aunque ya no late tan rápido ni soy tan ágil, pero he descubierto que no era aquella Ave la Cometa, pues la Cometa era yo, quien no dudó un sólo instante en hacer un sueño realidad, en descubrir la inmensidad del Universo, en desafiar a la Felicidad.

Lorena Beltrán G.

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